Posts

El reconocido actor y ambientalista Leonardo DiCaprio publicó en sus redes sociales un pedido dirigido al Congreso de la Nación Argentina, solicitando el tratamiento del proyecto de ley para la creación del Parque y Reserva Nacional Ansenuza.

Leonardo DiCaprio solicitó a través de sus redes sociales al Congreso de la Nación el tratamiento del proyecto de ley para avanzar con la creación del Parque y la Reserva Nacional Ansenuza, recalcó también la importancia mundial que tiene este humedal. Este pedido se suma al realizado formalmente días atrás por Natura International Argentina y Aves Argentinas.

En agosto de este año se logró obtener la Ley Provincial por votación unánime de la legislatura de la provincia de Córdoba. Ahora, el pedido urgente es la media sanción de la Ley Nacional que permitirá avanzar con la creación de la Reserva y Parque Nacional Ansenuza. Tener esta área protegida es de vital importancia para asegurar la conservación del humedal conformado por la laguna Mar Chiquita y los bañados del río Dulce, un sitio clave para la conservación de la biodiversidad a nivel global y uno de los humedales más importantes de Argentina.

Lucila Castro, directora de Natura International Argentina, afirmó: “La creación del Parque Nacional Ansenuza permitirá proteger y desarrollar, junto con sus comunidades locales, uno de los ecosistemas más importante que tiene nuestro país”.

Para lograr la creación del Parque, hace falta la media sanción de la Cámara de Diputados en primer lugar, y luego de la Cámara de Senadores.

En su pedido DiCaprio sostiene: “El gobierno argentino está listo para dar los últimos pasos necesarios para hacer realidad el Parque Nacional Ansenuza. Esta designación es un sueño compartido por las comunidades locales, el gobierno de la provincia de Córdoba, la Administración de Parques Nacionales, el Ministerio de Ambiente de Argentina, Aves Argentinas, Fundación Wyss, Natura Internacional Argentina y Re:wild”, haciendo hincapié en la importancia del trabajo en conjunto para alcanzar grandes objetivos.
“Es una excelente oportunidad para que la Cámara de Diputados nos dé una gran noticia para cerrar el año”, señaló Castro, “ya que existe consenso general para la creación de estas áreas protegidas, resta ponerlo en agenda y votarlo, lo que nos dará una buena razón para comenzar el 2022 avanzando en una misión que nos une: la conservación de uno de los humedales más valiosos de Argentina”.

Por Marcela Titarelli

Desde Santa Fe queremos compartir experiencias, sensaciones y vivencias de personas que han tenido la posibilidad de observar ejemplares en libertad. Para tratar de transmitir esos momentos de emoción, invito a los lectores a imaginar que se encuentran en un pastizal inmenso o en un monte abierto de espinillos, quebrachos y algarrobos, también podemos pensar en alguna cañada, arroyo o laguna. Imaginemos que estamos recorriendo alguno de esos ambientes y de repente surge un “fuego” delante de nosotros, ese color anaranjado tan intenso de su pelaje nos sorprende y se destaca en ese paisaje.

Justamente debido a esa coloración es que en algunos lugares se lo llama Doradillo, por otro lado su particular silueta y andar desgarbado le valieron el nombre en algunos lugares de “zorro potrillo”, así como también su tamaño, su pelaje inflado en el dorso y sus vocalizaciones fuertes en la noche, han llevado erróneamente a relacionarlo con la leyenda del Lobizón generando miedos infundados.

El Aguará guazú es el caminante incansable de esos ambientes que imaginamos y que puede sorprender con un salto o lo podemos ver zambulléndose como un delfín, mientras despliega sus habilidades para cazar en ese mar de pastos altos. Muchas veces se lo suele observar concentrado “en sus cosas” o mirando “el más allá”, sin percatarse de la presencia humana que registra el momento a través de una cámara. También ha sido registrado bordeando cursos de agua o zonas inundables. Solitario, de andar pausado y tímido, éste canido no representa peligro para el ganado ni para los seres humanos

Si bien la bibliografía menciona que su mayor actividad se encuentra en horas crepusculares y nocturnas, hemos recibido registros de ejemplares observados en horas del mediodía e incluso primeras horas de la tarde.

(Matías Romano)

En cuanto a su rol ecológico por un lado podemos decir que esta especie es un importante conector de pastizales, humedales y bosques, quedando demostrado el impacto que tienen los paisajes alterados o fragmentados para la supervivencia de la fauna asociada a esos ambientes. Y por otro lado, en cuanto a su dieta es un gran dispersor de semillas y es el depredador más importante después del puma.

Gracias a los registros aportados por las personas, las encuestas y los relevamientos realizados en la Provincia de Santa Fe, podemos decir que la principal amenaza para esta y muchas especies de nuestra fauna, es la alteración del paisaje, lo que lleva a que muchos ejemplares mueran por atropellamientos en rutas o se acerquen a los ejidos urbanos o semiurbanos y sean atacados por perros o exponerse a las enfermedades de los animales domésticos, además de fenómenos climáticos extremos (sequías e inundaciones).

Especialmente gracias la difusión y a la tecnología recibimos una gran cantidad de registros de ejemplares muertos por colisiones en nuestras rutas y en contraposición, también recibimos muchos registros de avistajes.

En el año 2003 esta especie fue declarada Monumento Natural Provincial (Ley 12182) y luego en el año 2009 se publica el Plan de Conservación (Versión 1) que incluye un Protocolo de Acción para el Rescate de ejemplares y Recopilación de información y es en este sentido, que difundimos a través de las Fuerzas de Seguridad, Municipios y Comunas las formas de actuar frente a un encuentro con algún individuo. De esta forma, diferenciamos los casos que ameritan una intervención desde el Estado junto a Fuerzas de Seguridad para rescatar algún ejemplar, de aquellos casos que se identifican como avistajes o hallazgos de ejemplares muertos. En cualquiera de los casos, la información que obtenemos la volcamos en una planilla que nos permite evaluar amenazas, distribución, etc. y así poder proponer acciones concretas de conservación.

Cuando recibimos notificación de un ejemplar que por un hecho inusual es hallado en el interior de construcciones urbanas o edificaciones rurales, se procede a ponerlo en resguardo y se evalúa si es factible liberarlo en algún área natural cercana. En el caso de que presente heridas o hay indicios de que ha estado en cautiverio entonces se procede a trasladarlo al centro de Fauna para que sea evaluado por los profesionales veterinarios. Luego de un periodo de cuarentena y rehabilitación, muchos de estos individuos pueden ser liberados.

(Matías Romano)

Siempre recordamos que no hay que intervenir directamente, sino que ante el hallazgo de un individuo en una situación conflictiva o herido, se comuniquen con las fuerzas de seguridad; por el contrario, si se trata de una observación de un animal libre en zona periurbana o rural, simplemente con compartirnos la ubicación, fecha y foto o filmación ya es información muy valiosa.

Es importante destacar que hay una gran comunicación y coordinación con personal de fauna de otras provincias, con instituciones involucradas con la protección de la biodiversidad, con veterinarios/as, biólogos/as, investigadores/as, y demás para compartir información respecto a cómo actuar frente a individuos que necesitan asistencia veterinaria o ser relocalizados en áreas naturales o se realizan consultas de índole veterinaria y es así como se realiza una colaboración entre profesionales y se ven involucradas distintas instituciones en pos de la conservación de esta especie.

En este sentido, y no menos importante, surge la pregunta ¿Qué podemos hacer cada una cada uno para ayudar a proteger esta especie? Y esto obviamente es necesariamente extensivo a toda la fauna y al ecosistema donde habita. Como respuesta creemos que es importante comprender e internalizar que como especie formamos parte de la vida que se desarrolla en nuestro planeta, que es fundamental respetar, proteger y convivir con las formas de vida y la salud de nuestro ambiente. Todas las acciones y actividades que realizamos en las mismas ciudades o comunas, depende como sean ejecutadas, pueden repercutir negativamente sobre los ecosistemas y luego en nuestra salud. Entonces es fundamental mantener o retornar a ecosistemas sanos.

Por Yanina Druetta

Si por un momento miramos hacia el pasado, podremos ver y asegurar que, desde el primer instante en que el humano apareció sobre la faz de la tierra, comenzó a relacionarse de manera estrecha con la naturaleza. Imaginemos esa etapa de la existencia del hombre como una escena de caos donde la vida era un poco dura y peligrosa pero existía una tranquilidad mínima que garantizaba la reproducción de la especie. Estos primeros hombres se adaptaron al medio, aprendieron de él y entendieron cómo aprovechar los recursos que se les proporcionaba sin afectar la autorregulación del ecosistema.

Con el pasar del tiempo, la necesidad de obtener nuevos conocimientos sobre el mundo natural se acrecentó y esa chispa latente de curiosidad hizo que célebres personajes con grandes capacidades de estudio y observación dieran lugar a su espíritu aventurero y se lanzaran por nuevos mundos participando de épicas travesías con el afán de visitar sitios inexplorados y descubrir un sin fin de criaturas y fenómenos nunca antes vistos.Así nace la idea de Naturalismo.

Dos pioneros de esta corriente fueron Charles Darwin y Alexander Von Humboldt. Darwin, luego de transcurrir veintitrés años de su viaje expeditivo a la costa sur de América, publicó “El origen de las especies por medio de la selección natural”, donde introduce la teoría científica de que las poblaciones evolucionan durante el transcurso de las generaciones mediante un proceso conocido como “la selección natural”.

Flamencos australes (Yanina Druetta/Natura International)

Von Humboldt, luego de realizar una ambiciosa expedición científica, también por América, cambió su percepción en cuanto a cómo se relacionaba el mundo y la naturaleza. Humboldt vio al mundo como un gran organismo dentro del cual todos los seres vivos estaban conectados en un delicado equilibrio y fue el primero en estudiar el cambio climático provocado por la acción del hombre.

Hoy analizamos el pasado desde una realidad muy diferente. La sociedad continúa evolucionando, el conocimiento obtenido es abundante y se encuentra al alcance de todos, pero lamentablemente, existe un distanciamiento entre el hombre y la naturaleza que se remonta al comienzo de la era industrial; donde lejos de retroceder en el consumo de materias primas, el daño ocasionado a los bosques, la tierra, el agua, la fauna silvestre y el uso de recursos no renovables de forma indiscriminada se elevó sobremanera.

Esa búsqueda de riquezas que no contempla una forma de producir sustentable y sostenible aplasta cualquier pensamiento ético y conservacionista del ambiente y nos lleva a replantearnos cuál es el rol del naturalista de hoy en día. Mucho conocemos sobre biodiversidad, fenómenos naturales, roles ecológicos, servicios ecosistémicos y muchos otros temas más, pero… ¿Qué es lo que hace que en la actualidad este concepto de ser Naturalista se vuelva más utilizado? ¿Cuál es el objetivo que, quizás, persiguen estas personas que poseen la misma chispa de curiosidad que tenían aquellos antiguos investigadores? Sin dudas, las respuestas a estos interrogantes están íntimamente ligadas a la forma extractivista en que nos comportamos en el planeta.

Bañados del río Dulce (Yanina Druetta/Natura International)

Un Naturalista vive desde muy cerca su amor por la naturaleza, la estudia, forma alianzas con ella, la defiende… y este “modo” muchas veces se activa cada vez que comenzamos a observar con detención todo lo maravilloso que nos rodea, entendiendo por fin, que también formamos parte de ese entorno y necesitamos acercarnos nuevamente a él para poder lograr esa convivencia armoniosa que provoca solo un sinfín de beneficios para ambos.

Un naturalista moderno probablemente no sea un fiel reflejo de aquellos pioneros de tiempos antiguos que querían solo descubrir y comprender. Un naturalista moderno, más allá de desear aprender para entender, está convencido que la curiosidad y la pasión por la naturaleza son la herramienta fundamental que puede inspirar a toda una sociedad a querer cambiar su relación con el medio natural, haciendo que las personas se interesen por él y se involucren en su cuidado.

Muchas veces creo que, ser naturalista, significa también, ser ese puente que conecta y trata de concientizar sobre la necesidad de encontrar el justo equilibrio entre desarrollo y conservación que nos permita a todos dejar huellas verdes en nuestro viaje por la vida.

 

Por Claudina Gonzalez

Mucho se habla del turismo sostenible. Planes y programas del sector público, productos y emprendimientos privados, programas y contenidos académicos incluyen, siempre y sin excepción, el concepto de sostenibilidad. Una discusión diferente es llegar a conocer si esta inclusión es algo meramente declamativo o bien se acompaña de buenas prácticas, reales, concretas y verificables. 

Lo cierto es que el desarrollo de un turismo sostenible es un proceso continuo que requiere de buena planificación así como del seguimiento constante de sus incidencias, para introducir las medidas preventivas o correctivas que resulten necesarias. De este modo la experiencia turística debe ser, por igual, satisfactoria para el viajero tanto como educativa, entendiendo a la práctica turística como una oportunidad para que los viajeros conozcan mejor los entornos naturales y culturales, los valoricen debidamente, los protejan y sean capaces de transmitir este mensaje a otros. 

Cada año, la Organización Mundial del Turismo (OMT o UNWTO, por sus siglas en inglés) dependiente del sistema de las Naciones Unidas, enmarca su agenda de trabajo con un lema. Recientemente, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró al 2017 como “Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo”, para señalar y recordar el potencial del turismo y su contribución a la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible y sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Ese mismo año, la organización respondió de manera contundente a la pregunta “¿Por qué el turismo importa?”. Y la respuesta incluyó un repaso de la capacidad de la actividad para la generación de empleo, su contribución al Producto Interno Bruto global, al crecimiento económico, el entendimiento entre pueblos, a la conservación cultural, la valorización y conservación del ambiente y al desarrollo en general.

En Argentina el turismo constituye un sector sumamente dinámico de la economía. En  2018, la producción de bienes y servicios de las ramas características del turismo (sean o no demandadas por visitantes) fue de 5,7% del PIB. Los puestos de trabajo en ramas características del turismo fueron 1.269.070, un 6,2% del total de la economía, entre los segmentos de hotelería, restaurantes, agencias de viaje, empresas de transporte con fines turísticos (aerocomercial, trenes turísticos, fluvial, marítimo, automotor), explotación de playas, parques recreativos, reservas, museos, centros de convenciones, predios feriales y otros espacios de recepción de visitantes y otras actividades vinculadas. 

Es una actividad presente y dinámica en todas las regiones y, muy importante, está compuesta en su mayoría por micro, pequeñas y medianas empresas (prácticamente la totalidad del sector: 99,1%).

Suena prometedor, ¿verdad?

Sin embargo, toda esa potencia debe ser correctamente gestionada. Y esa gestión cuidadosa, permanente, respetuosa de los valores naturales y culturales, es un compromiso que deben asumir los gobiernos de distinto nivel, pero también las comunidades anfitrionas, las empresas y prestadores turísticos, las organizaciones de la sociedad civil y, muy importante, los propios viajeros.

Con la sostenibilidad como palabra clave, la naturaleza puede motorizar una economía resiliente a largo plazo. En particular, distintos organismos internacionales como el BID y el Banco Mundial, así como la Organización Mundial del Turismo, reafirman el valor del turismo de naturaleza y su rol en el desarrollo sostenible de los territorios, para la mitigación de la pobreza, como factor de crecimiento económico, como herramienta para la conservación de la biodiversidad y en su contribución al cumplimiento de acuerdos y convenios internacionales claves, como la mencionada “Agenda 2030”.

Argentina, cuenta con una asombrosa dotación de recursos naturales que, con particularidades locales y regionales, se extienden por el territorio, conformando un capital natural de gran riqueza y un atractivo turístico de enorme potencial. 

Un país con una enorme diversidad ambiental, destacado por abarcar en su territorio un gradiente casi completo de ecosistemas que incluyen selvas subtropicales de tierras bajas, selvas de montaña, bosques subtropicales semiáridos, sabanas inundables, desiertos, bosques templados húmedos, praderas, ecosistemas de alta montaña, marinos y polares. En su subsuelo se encuentra el Acuífero Guaraní -uno de los principales reservorios subterráneos de agua dulce-; es el segundo país latinoamericano con mayor cantidad de glaciares y está dentro de los 15 países a nivel mundial con mayor superficie cubierta de hielo, por lo que posee una de las principales reservas estratégicas de agua dulce del mundo. 

En ese sentido, las áreas naturales protegidas son de un enorme atractivo para el turismo. De acuerdo a información del Sistema Federal de Áreas Protegidas (SiFAP), el país cuenta con más de 500 áreas protegidas registradas, de distinta jurisdicción y gestión, que representan el 13,29% del territorio nacional continental, con una superficie total de 36.947.536 hectáreas: parques nacionales, parques interjurisdiccionales marinos, reservas nacionales, reservas naturales y monumentos naturales, parques provinciales, reservas naturales, reservas provinciales, áreas municipales, áreas privadas, refugios de vida silvestre, sitios Ramsar, Reservas de la Biósfera y Patrimonios Mundiales conforman algunos de los principales atractivos turísticos del país. 

Esta diversidad de ambientes, ecosistemas terrestres, de agua dulce, costeros y marinos, con su flora y fauna (vastas colecciones de aves, peces, mamíferos, vegetales, anfibios y reptiles, entre otros), ofrece la posibilidad de pensar estratégicamente en el turismo de naturaleza como el motor de la recuperación, sentando las bases para que el turismo se consolide como parte esencial de la economía nacional, enmarcándose en una agenda más amplia de desarrollo sostenible.

El turismo de naturaleza (incluyendo al turismo activo y el ecoturismo) ya constituía una de las prácticas turísticas de mayor desarrollo y demanda global en el contexto anterior al brote de la COVID-19, con un ritmo de crecimiento tres veces superior al del turismo en general según la OMT.

Por el lado de la demanda, son varios los factores sociales y demográficos a nivel global que explican este proceso de búsqueda de naturaleza y espacios abiertos en los viajes: consumidores bien informados y con mayor conciencia ambiental, por un lado, o la densificación y el crecimiento de las ciudades, con vidas marcadas por el encierro en espacios artificiales y afectadas por situaciones de estrés, por otro. Más de la mitad de la población mundial vive en entornos urbanos. Esto vuelve rutinarios a los espacios urbanos, artificiales y, por contraste, más valiosos a los contactos con la naturaleza en el tiempo de ocio. En Argentina, la población urbana es del 92%. Los escenarios naturales únicos y bien conservados, por contraste con otro tipo de destinos ya saturados, aparecen como deseables y son sumamente motivadores para esta demanda.

Los escenarios naturales y las actividades que allí se desarrollan dan respuesta a los turistas que buscan experiencias transformadoras y memorables en sus viajes. A los factores de atracción anteriores, se suman diversos estudios que señalan los beneficios de un contacto regular con espacios naturales y la realización de actividades en ellos, con impactos positivos en la salud física y mental.

Desde una visión de desarrollo, y dadas las enormes ventajas comparativas en materia de recursos naturales que caracterizan a la Argentina, una práctica verdaderamente sostenible en la naturaleza ofrece al turismo la oportunidad de consolidarse como una actividad económicamente rentable y viable. 

A su vez, el turismo de naturaleza suele generar mayores estadías promedio y mayor gasto de los viajeros en los territorios. El incremento en las variables de estadía y gasto encuentra su explicación, en parte, en la variedad de actividades recreativas de las que los espacios naturales son soporte. A mayor diversidad en el menú de actividades presentadas por un destino, mayor atractivo e interés representará ese territorio y, por tanto, justificará una extensión de la estadía con el consiguiente gasto asociado.

El turismo sostenible de naturaleza es, a su vez, un vehículo de desarrollo social. Muchas de las prácticas asociadas a este producto requieren la contratación de emprendedores y guías locales, estimulando el desarrollo de empresas turísticas (agencias de viajes, transportes, alojamiento, alimentación, artesanías, actividades recreativas y complementarias), habilitando así la diversificación de la matriz productiva y la generación de empleo local de muchas de las economías regionales y de comunidades que, en algunos casos y encontrándose muy postergadas, no cuentan con posibilidades para desarrollar otras actividades productivas.

A su vez, al incluir aspectos pedagógicos y de interpretación de la naturaleza, potencia la sensibilización de locales y viajeros sobre la trascendencia de la conservación de los ambientes naturales, ayudando a minimizar los impactos negativos sobre el entorno.

En síntesis, turismo sostenible (según la OMT) es “el turismo que tiene plenamente en cuenta las repercusiones actuales y futuras, económicas, sociales y medioambientales para satisfacer las necesidades de los visitantes, de la industria, del entorno y de las comunidades anfitrionas.”

Con la excepción de una minoría de áreas naturales protegidas creadas y consagradas exclusivamente a tareas de investigación científica, monitoreo y conservación ambiental, la mayor parte las áreas naturales conciben, junto con la función de conservación, una función social dada por el uso público de esos espacios, teniendo en cuenta el valor turístico recreativo y educativo de los mismos.

En la generación de nuevas áreas protegidas así como en la correcta gestión de las existentes, puede considerarse al turismo como una actividad amigable, lo que requiere dotar a los destinos de infraestructura acorde, que priorice las dimensiones de planificación y conservación en el uso público de estos espacios y que habilite el acceso y permita la visita y disfrute de destinos naturales que se perciben como valiosos pero que aún son emergentes. 

Hay una oportunidad en el desarrollo del turismo de naturaleza. Pero también, y de manera inseparable, hay un deber: el de incluir a la sostenibilidad en la agenda cotidiana de la actividad.