Por Yanina Druetta

Si por un momento miramos hacia el pasado, podremos ver y asegurar que, desde el primer instante en que el humano apareció sobre la faz de la tierra, comenzó a relacionarse de manera estrecha con la naturaleza. Imaginemos esa etapa de la existencia del hombre como una escena de caos donde la vida era un poco dura y peligrosa pero existía una tranquilidad mínima que garantizaba la reproducción de la especie. Estos primeros hombres se adaptaron al medio, aprendieron de él y entendieron cómo aprovechar los recursos que se les proporcionaba sin afectar la autorregulación del ecosistema.

Con el pasar del tiempo, la necesidad de obtener nuevos conocimientos sobre el mundo natural se acrecentó y esa chispa latente de curiosidad hizo que célebres personajes con grandes capacidades de estudio y observación dieran lugar a su espíritu aventurero y se lanzaran por nuevos mundos participando de épicas travesías con el afán de visitar sitios inexplorados y descubrir un sin fin de criaturas y fenómenos nunca antes vistos.Así nace la idea de Naturalismo.

Dos pioneros de esta corriente fueron Charles Darwin y Alexander Von Humboldt. Darwin, luego de transcurrir veintitrés años de su viaje expeditivo a la costa sur de América, publicó “El origen de las especies por medio de la selección natural”, donde introduce la teoría científica de que las poblaciones evolucionan durante el transcurso de las generaciones mediante un proceso conocido como “la selección natural”.

Flamencos australes (Yanina Druetta/Natura International)

Von Humboldt, luego de realizar una ambiciosa expedición científica, también por América, cambió su percepción en cuanto a cómo se relacionaba el mundo y la naturaleza. Humboldt vio al mundo como un gran organismo dentro del cual todos los seres vivos estaban conectados en un delicado equilibrio y fue el primero en estudiar el cambio climático provocado por la acción del hombre.

Hoy analizamos el pasado desde una realidad muy diferente. La sociedad continúa evolucionando, el conocimiento obtenido es abundante y se encuentra al alcance de todos, pero lamentablemente, existe un distanciamiento entre el hombre y la naturaleza que se remonta al comienzo de la era industrial; donde lejos de retroceder en el consumo de materias primas, el daño ocasionado a los bosques, la tierra, el agua, la fauna silvestre y el uso de recursos no renovables de forma indiscriminada se elevó sobremanera.

Esa búsqueda de riquezas que no contempla una forma de producir sustentable y sostenible aplasta cualquier pensamiento ético y conservacionista del ambiente y nos lleva a replantearnos cuál es el rol del naturalista de hoy en día. Mucho conocemos sobre biodiversidad, fenómenos naturales, roles ecológicos, servicios ecosistémicos y muchos otros temas más, pero… ¿Qué es lo que hace que en la actualidad este concepto de ser Naturalista se vuelva más utilizado? ¿Cuál es el objetivo que, quizás, persiguen estas personas que poseen la misma chispa de curiosidad que tenían aquellos antiguos investigadores? Sin dudas, las respuestas a estos interrogantes están íntimamente ligadas a la forma extractivista en que nos comportamos en el planeta.

Bañados del río Dulce (Yanina Druetta/Natura International)

Un Naturalista vive desde muy cerca su amor por la naturaleza, la estudia, forma alianzas con ella, la defiende… y este “modo” muchas veces se activa cada vez que comenzamos a observar con detención todo lo maravilloso que nos rodea, entendiendo por fin, que también formamos parte de ese entorno y necesitamos acercarnos nuevamente a él para poder lograr esa convivencia armoniosa que provoca solo un sinfín de beneficios para ambos.

Un naturalista moderno probablemente no sea un fiel reflejo de aquellos pioneros de tiempos antiguos que querían solo descubrir y comprender. Un naturalista moderno, más allá de desear aprender para entender, está convencido que la curiosidad y la pasión por la naturaleza son la herramienta fundamental que puede inspirar a toda una sociedad a querer cambiar su relación con el medio natural, haciendo que las personas se interesen por él y se involucren en su cuidado.

Muchas veces creo que, ser naturalista, significa también, ser ese puente que conecta y trata de concientizar sobre la necesidad de encontrar el justo equilibrio entre desarrollo y conservación que nos permita a todos dejar huellas verdes en nuestro viaje por la vida.

 

Yanina Druetta
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Yanina es consultora técnica en el proyecto del Parque Nacional Ansenuza. Es fotógrafa de naturaleza. Realizó cursos de Guardaparque y Guía Ambiental en el Instituto UTFORMA, Astronomía para Naturalistas (Aves Argentinas) y Tráfico ilegal de fauna silvestre en la escuela de Educación Ambiental Proyecto Ambiental. Actualmente estudia para Naturalista de campo, carrera brindada por la ONG Aves Argentinas