Por Victoria Lassaga, Laura Steffolani, Rosario Espina y Andrea Michelson

El trabajo territorial es uno de los pilares fundamentales de Natura International en su actividad principal: promover la creación de áreas protegidas. Este año, la pandemia trastocó, como en todos los ámbitos, la rutina de trabajo. Nuestra tarea en la ‘vieja normalidad’ consistía en realizar relevamientos técnicos tanto ambientales como sociales, talleres y charlas con las comunidades, actores claves, otras organizaciones de la sociedad civil o entidades académicas y los distintos actores locales que confluyen en esos espacios, principalmente representantes de los gobiernos, tanto municipales como provinciales o nacionales.

 

Uspallata – Mendoza

 

Este año, debido a las medidas de aislamiento a raíz de la pandemia global, nos enfrentamos a un gran desafío: cómo sostener el contacto con los territorios a la distancia. Como la capacidad de visitar los territorios se limitó completamente, tuvimos que buscar otros mecanismos para sostener canales de comunicación fluidos tanto entre los miembros del equipo como con los otros actores. La situación nos obligó a repensarnos y replantearnos institucionalmente, con la convicción de que nuestro trabajo tiene un propósito muy claro que nos trasciende como individuos: la conservación de la biodiversidad a largo plazo.

Algunos de los sitios en los que trabajamos se encuentran aislados, con poca conectividad o acceso a herramientas digitales, ya que son áreas con un gran valor de conservación y a mucha distancia de las grandes urbes, foco de las principales problemáticas ambientales. Comunidades de pueblos originarios o de alta montaña con las que trabajamos, no siempre cuentan con los recursos -económicos o tecnológicos- para garantizar una buena conectividad. Este hecho limitó la comunicación que teníamos con ellas. Algunos procesos que necesitaban alcanzar consensos horizontales fueron pospuestos, pues entendimos que mecanismos de participación por la vía virtual podrían no ser abarcativos y representativos de los intereses reales de esas comunidades locales, y que la falta de participación por problemas de conexión a internet profundizaban desigualdades. En otros procesos, logramos agilizar los mecanismos virtuales de comunicación y pudimos generar reuniones para la toma de decisiones y hasta capacitaciones y talleres. 

 

Hippocamelus antisensis – Taruca.  Fuente: Mathias Jacob

 

La pandemia nos planteó un gran desafío para afrontar tanto desde el punto de vista institucional como desde nuestra individualidad en tanto profesionales. Pero a quienes trabajamos en el mundo de la conservación, los desafíos no nos paralizan. Al contrario: nos estimulan. Hemos logrado sostener los proyectos a pesar del necesario distanciamiento social. Buscamos diversas y nuevas formas de comunicarnos y eso nos permitió lograr grandes resultados: la firma de convenios con instituciones gubernamentales y acuerdos de trabajo con otras fundaciones, el sostenimiento del contacto periódico con las comunidades y los actores claves de cada uno de los proyectos utilizando diversas formas de comunicación, la realización de talleres, charlas y capacitaciones sobre la demanda que las circunstancias requerían, el fortalecimiento de nuestras bases de información desde un punto de vista técnico/científico y la revalorización de la comunicación con otros y otras a través de nuestras redes sociales.

La pandemia generó un gran impacto mundial ya que afectó a toda la sociedad de diferentes maneras. Aumentó las desigualdades al dejar más expuestos a los sectores que sufren una mayor vulnerabilidad, y nos desafió a repensarnos a aquellos que nos encontramos en una situación más privilegiada. El efecto de la mano del hombre sobre el ambiente disminuyó significativamente pero la falta de monitoreo por parte de los organismos a cargo también. Por ejemplo, las tasas de deforestación en Argentina aumentaron significativamente.

Hubo un gran aprendizaje en la pandemia: aunque la distancia fue un nuevo reto a resolver, despertó nuestra creatividad al momento de buscar soluciones. Ahora no podemos dar pasos atrás: es muy probable que las estrategias de reactivación económica vengan de la mano de procesos extractivistas. Eso es motivo suficiente para reforzar nuestro compromiso de seguir promoviendo economías limpias para conservar nuestros limitados recursos naturales a través de nuevas áreas protegidas.

Por Lucila Castro – Directora y Equipo Natura Argentina

Está claro que la pandemia tuvo un efecto devastador en el mundo entero. La cantidad de muertes y la crisis económica y social que deja la llegada del COVID-19 la convierten en uno de los eventos más trágicos que sufrió la humanidad en las últimas décadas a nivel global.

 

Bañados de Río Dulce – Santiago del Estero

 

Sin embargo, este desastre sanitario permite otras lecturas. Los impactos negativos en el ambiente han, en algunos casos, disminuido a lo largo del año y en todo el planeta. Según un informe realizado por la AEMA (Asociación Europea de Medio Ambiente), hay algunos puntos importantes a destacar: la pandemia puso de relieve las interrelaciones entre nuestros sistemas naturales y sociales,  la pérdida de biodiversidad y los sistemas alimentarios intensivos aumentan las probabilidades de que se produzcan enfermedades zoonóticas; los cierres provocados por los confinamientos durante la pandemia pueden tener algunos impactos positivos directos y a corto plazo en nuestro medio ambiente, especialmente en lo que respecta a la calidad del aire, aunque es probable que sean temporales; por otro lado, el COVID no está afectando a todos los grupos socioeconómicos por igual, las personas menos favorecidas tienen más probabilidades de vivir en viviendas de mala calidad y hacinados, lo que pone en peligro el cumplimiento de las recomendaciones de distanciamiento social y aumenta el riesgo de transmisión del virus.

Si hablamos particularmente sobre lo que respecta a la calidad del aire, las emisiones diarias de dióxido de carbono (CO2) se redujeron un 17 % a nivel mundial durante la primera mitad del año 2020. La NASA, por su parte, mostró imágenes satelitales sorprendentes que reflejan un marcado y llamativo descenso de las emisiones de dióxido de nitrógeno (NO2) —cuya principal fuente son los automóviles— en comparación a la época previa al confinamiento.

 

Bañados de Río Dulce – Santiago del Estero

 

La duda que surge ahora es si una vez superada esta situación se mantendrá la lucha contra el cambio climático y el compromiso de la sociedad por lograr un ambiente sano. En definitiva: ¿Esta pandemia nos habrá enseñado algo?

Hemos pasado varios meses de encierro, saturados por la rutina y…¿Qué buscamos ahora? Disfrutar de espacios abiertos, aire libre, entornos limpios, evitar aglomeraciones, desconexión, respirar aire fresco y olvidarnos por un rato de los problemas. ¿Y dónde encontramos todo eso? En la naturaleza.

El cuidado -o mejor aún, el no daño- de la naturaleza es una inversión. Se trata de la mejor decisión para protegernos de este virus y evitar futuras enfermedades de este tipo.

Podemos tomar esta situación como una oportunidad para reflexionar y comprender no sólo la complejidad del ambiente y nuestro vínculo indisociable con él sino también cuán vulnerables somos a las acciones de degradación que nosotros mismos realizamos.

Debemos mantener una relación sana y de respeto con el medio natural. Cuidar el planeta significa cuidarnos a nosotros mismos.

Por Biól. Cristian Schneider

Santa Victoria – Salta – Fuente Alejandro Briones CeDRUS

Si bien desde la sanción de la Ley Nacional 26331 de “Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental de los Bosques Nativos” en 2007 -ley que surgió de la masiva presión ciudadana y el trabajo de innumerables actores políticos y de la sociedad civil-, disminuyó considerablemente la tasa de deforestación que se venían produciendo, aún así 2,8 millones de hectáreas de bosque nativo fueron deforestadas desde ese año hasta el 2018. Un tercio de esa deforestación se dio en Categoría I y II Zonas Rojas y Amarillas de protección donde la prohibición del desmonte es absoluta, y otro tercio en bosques nativos ¡sin categorizar! Sí, hay provincias con ecosistemas de bosque nativo que no sólo no fueron incluidos en alguna Categoría, sino que además permiten su desmonte (los “bosques invisibles”, en eso los convierten). El tercio restante del desmonte se produjo en Categoría III Zonas Verdes, que lejos de la oportunidad de materializar modelos sustentables de uso y restauración de ecosistemas de bosque en estado de degradación, fueron la variable de sacrificio y transformación total de ellos, incluso sobre sitios en buen estado de conservación. Recordando que por Constitución Nacional el dominio originario sobre los recursos naturales es de las jurisdicciones provinciales, y que a través de los Ordenamientos Territoriales de Bosque Nativo (OTBN) provinciales, las decisiones de planificación, instrumentación y control corrieron por cuenta de estas, la responsabilidad entonces de esta destrucción ambiental ha sido de estos gobiernos, en contextos de macro políticas económicas y productivas nacionales que la promovieron y profundizaron.

¿Este es el espíritu que entienden los gobiernos de la ley ambiental más importante de nuestro país? ¿de la primera Ley de Presupuestos Mínimos que tanto esfuerzo costó obtener, que tanto invocamos desde la ciudadanía al momento de demandar la defensa de nuestro ambiente? ¿Por qué hoy es tan difícil obtener la voluntad gubernamental para que las leyes sean instrumentos ciertos de política ambiental territorial y no meros enunciados de intenciones? Y si la voluntad de cumplir no está, ¿vamos a priorizar eternas reformas a obtener hechos concretos de implementación? ¿Necesitamos Leyes que solo enuncien algo? ¿No necesitamos que las leyes instituidas, aún en la generalidad de las escalas en su letra, sean compromisos ineludibles y tangibles en la responsabilidad de la defensa de derechos colectivos, ciudadanos y de naturaleza? Es innegable que los intereses económicos y productivos que promueven estos problemas y conflictos ambientales, son muy efectivos en su incidencia y participación en las políticas ejecutivas gubernamentales.

 

Mar Chiquita – Córdoba – Fuente Yanina Druetta

 

Analizando el caso de la Provincia de Córdoba, sumamos que su OTBN se encuentra vencido y pendiente de actualización desde 2015 (situación similar con la gran mayoría de las provincias), en una negativa a convocar un proceso participativo ciudadano transparente -que demanda la Ley 26331 y demás normativa de COFEMA-. Participación ciudadana que incluso es mencionada en la Ley 10208/14 de Política Ambiental, donde se instituyen los Ordenamientos Ambientales Territoriales Provincial y Municipales aún adeudados. ¿Cómo entonces es considerada la participación social de las comunidades afectadas por estas problemáticas en la construcción de políticas públicas, si ni siquiera se cumplen mínimamente la letra de las leyes vigentes?

Con 30 Áreas Protegidas provinciales legisladas sobre 4 millones de hectáreas y sin implementar en sus aspectos mínimos, este año padecimos 340.000 ha quemadas, superficie récord histórico en décadas para la provincia, de incendios en su gran mayoría de origen humano e intencional, convertidos ya -incluso a nivel nacional-, en las nuevas topadoras del siglo XXI. Y todo esto en un contexto de pandemia mundial, provocada por la misma destrucción de ambientes de los modelos productivos y de uso de la biodiversidad que nos rigen. Y producto de ella, los mecanismos sociales de cuidados implementados, hoy atraviesan negativamente la calidad de nuestra participación ciudadana, visto las audiencias públicas y reuniones políticas virtuales que no son diálogos, sino convenientes mecanismos de control de la discusión, para quienes en suerte puedan llegar a acceder a esas pantallas-espacios. ¿Reduciremos hoy la participación a su mínima expresión virtual, en este contexto de pandemia -y en las que vendrán-, solo alcanzables para quien pueda tener acceso digital de calidad o se les permita hacerlo, en un entorno de absoluto control de sus resultados? La ecuación cierra: control de la participación si, transparencia y licencia social no.

 

Sierra de Famatina Rio Florentina – La Rioja

 

¿Hacia dónde miramos? ¿Discursos o política participativa en el territorio? ¿Seguimos siendo inducidos a análisis superficiales de nuestras crisis ambientales, y por lo cual no nos permitimos pensarnos en un modelo de política, producción y vida radicalmente diferente al que nos tienen acostumbrados gobiernos, industrias, capitales económicos y medios de comunicación? ¿Decidimos que así fuera?

La certeza quizás llegará cuando demandemos masivamente y construyamos socialmente el espacio de decisión sobre cómo deseamos y necesitamos habitar y habitarnos en nuestros territorios, y eso es un derecho invisibilizado deliberadamente, que tienen por costumbre relegar fundamentalmente las clases gobernantes, en pos de intereses absolutamente ajenos a la salud colectiva y la justicia ambiental.

Por Ana Julia Gómez 

La Celebración de las Áreas Protegidas, Conservadas y su gente, consolidó a pesar de la adversidad, una ventana de colaboración y valoración de las áreas naturales y culturales para el bienestar, en nuestra región.

La Declaración del Día las Áreas Protegidas para toda Latinoamérica y el Caribe se pronunció en el cierre del III Congreso de Áreas Protegidas LAC (III CAPLAC), el día 17 de octubre del 2019, ante 3123 participantes de 58 países. Inmediatamente recibió el apoyo de sus organizadores y actuales integrantes del Comité de Seguimiento del III CAPLAC: liderado por la Comisión Mundial de Áreas Protegidas de la UICN, y con apoyo de las oficinas regionales de la UICN de América del Sur y de Mesoamérica, Centroamérica y el Caribe, el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado – SERNANP Perú, RedPARQUES, FAO, Parques Naturales Nacionales de Colombia, Comisión de Educación y Comunicación de UICN, entre otros.

Logo Celebración de las Áreas Protegidas de Latinoamérica y el Caribe

Se consolida entonces, como la herramienta de apoyo clave a la Declaración de Lima y otros acuerdos del III CAPLAC. En 2020, contamos con 387 Celebraciones inscritas por personas, organizaciones y gobiernos, en 18 países de nuestra región.

La Celebración de las Áreas Protegidas LAC, se reconoce como una ventana colaborativa para la valoración y articulación de las áreas protegidas, conservadas y su gente a escala local y regional (Latinoamérica y el Caribe). La Celebración tiene una impronta de trabajo intergeneracional e inclusivo que permitió una integración simultánea a pesar de una pandemia. En su primera versión, tuvo un impacto concreto y sentido en todos los niveles de gestión de las áreas protegidas y en las realidades de mujeres, jóvenes, guardaparques, pueblos indígenas, comunidades y otros actores involucrados. El alcance general en redes sociales, superó a las 30.000 personas. Su aporte innovador se destacó en las opciones de gestión de la información y la integración de áreas valiosas poco conocidas, a través de mensajes y propuestas basadas en la esperanza.

Algunos productos co-gestionados son la Guía de la Celebración, el Mapa de Áreas Celebradas con información y coordenadas para interactuar, la Agenda de la Semana de la Celebración con eventos de personas, organizaciones y gobiernos de amplio alcance, el evento de Lanzamiento de la Declaración de Lima -un año después del III CAPLAC- y la transmisión especial de más de 5 horas de música, danza, propuestas de conservación, yoga y buenos deseos. Estas Celebraciones fueron impulsadas principalmente, por 42 jóvenes embajadores de 14 países, generando una sinergia multinivel que permitió integrar eventos de alcance político regional, rituales, encuentros familiares y declaraciones oficiales.

 

Drome Palapa – Comisión Turismo RARNAP . Fuente: www.celebracionareasprotegidas.org

La Celebración de las Áreas Protegidas LAC es liderada por miembros de la Comisión Mundial de Áreas Protegidas (CMAP) de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN. Su mentor Juan Carlos Pacheco (Fundación Áreas Protegidas -FAP- Chile) y Ana Julia Gómez (Fundación Hábitat y Desarrollo – Argentina). También por María Augusta Almeida Ferri, Mariana Del Brutto (FAP), Lizbet Granados, Jaddira Flores Red de Jóvenes Líderes de la Conservación LAC (RELLAC-joven), con otros colaboradores activos y determinantes que se detallan en nuestra web www.celebracionareasprotegidas.org

Hasta el momento contamos con el importante apoyo explícito de UICN (oficinas regionales de Mesoamérica y Caribe, América del Sur), ONU Ambiente Latinoamérica, RedPARQUES, Natura Internacional en Argentina, RELLAC-Joven, Proyecto IAPA- Visión Amazónica, Sterea y de 12 Sistemas de Áreas Protegidas, que son:

  • Perú. Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Resolución Suprema N° 030-2019 del Ministerio de Ambiente).
  • Argentina. Administración de Parques Nacionales. Declaración de Interés Institucional. ​
  • Colombia. Parques Nacionales Naturales de Colombia​
  • Sistema Nacional de Áreas Protegidas​
  • México. Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas​
  • Chile. Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado/Corporación Nacional Forestal​
  • Bolivia. Servicio Nacional de Áreas Protegidas
  • Costa Rica. Sistema Nacional de Áreas de Conservación​
  • Uruguay. Ministerio del Ambiente/Sistema Nacional de Áreas Protegidas​
  • Venezuela. Instituto Nacional de Parques/Ministerio del Poder Popular para el Ecosocialismo.
  • Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (Resolución n° 281 del Gobierno Nacional)​
  • Ecuador. Sistema Nacional de Áreas Protegidas

 

Secretaria CN-RBMA CN-RBMA. Fuente: www.celebracionareasprotegidas.org

 

Esta sorprendente respuesta de integración por las áreas naturales y valores culturales para el bienestar, nos inspira y convoca a Celebrar a las Áreas Protegidas, Conservadas y su gente, con más fuerza en 2021. Nos desafía a sumar actores, garantizar espacios para nuevas generaciones, con propuestas colaborativas y transformadoras.

¡Sigamos Celebrando!

Por Sofía Dottori Fontanarrosa – Geóloga

El río Paraguay es el nuevo desoído, el siguiente muerto que nos sigue dando vida para continuar siendo hijos del rigor.

Hay señales tan claras que a veces se vuelven áridas, rígidas, tirantes. A los ríos recién se los escucha cuando ya no les queda saliva. Entonces nos toca hablar a nosotros, infelices que no creemos habiendo visto. El río Paraguay es el nuevo desoído, el siguiente muerto que nos sigue dando vida para continuar siendo hijos del rigor. Así es el ciclo ingrato del hombre contra el agua.

Cuando lo bautizaron, sus raíces guaraníes se desbordaron de inspiración. Elocuente lengua madre rebalsó de significados el embalse que nunca tendría. “Paragua” por la tribu indígena payagua, y “ay” significa agua o río. Pero también es “corona de palma y agua”, “agua como el mar” -por la Bahía de Asunción; o “aguas adornadas”; “río que origina el mar”; “cola del mar”; o muy paradójicamente “río de las muchas aguas”. Era justo precisar que su esencia es el agua, la misma que hoy denuncia la mayor ausencia desde los últimos 50 años.

Paraguay es víctima de una sequía extrema disparada por el fenómeno de La Niña, evento cada vez más frecuente debido al calentamiento global. La falta de precipitaciones en la región de Mato Grosso, donde nace su arteria fluvial insigne, es desesperante. Desde allí, el río peregrina pausado hacia el sur, con una leal caridad cosmopolita, dejando Brasil para besar a Bolivia, retozar luego en su homónimo y finalmente hermanarse con Argentina. Su caudalosa risa tiene las comisuras secas. Con una caída de su nivel de hasta cuatro centímetros diarios, el rio ya no ríe, y tampoco llora. Las imágenes satelitales tomadas por la red europea Copérnicus son irrefutables. El “río de las muchas aguas” se deshidrata lentamente, con el silencio de una agonía que apenas se inicia.

 

Zona de San Antonio al sur de Asunción, en octubre de 2018. Fuente: Copernicus Sentinel 2018 – EO Browser – Sentinel Hub.

 

Zona de San Antonio al sur de Asunción, en octubre de 2020. Fuente: Copernicus Sentinel 2018 – EO Browser – Sentinel Hub.

 

Lo único que se está ahogando es la economía del país. El 85% del comercio exterior sucede a través de él. La navegación acusa una realidad crítica. En pocos días ningún barco podrá acceder a Asunción, donde según la Agencia Nacional de Hidrología de Paraguay, el nivel se encuentra a 47 centímetros por debajo del cero hidrométrico, el cual se sitúa a tres metros bajo el nivel medio del cauce. Los buques de carga no tendrán puerto ni de llegada ni de salida, puesto que la profundidad mínima de navegación requiere de al menos 3,60 metros en la columna de agua. El Centro de Armadores Fluviales y Marítimos informó que las pérdidas materiales ya han alcanzado los US$250 millones. Un sufrimiento que ha sido completamente opcional. Pero el dolor era más que evitable.

Mientras las implicancias zarpan una tempestad de sobrecostos en el transporte de alimentos, combustibles, fertilizantes y demás bienes importados, un cataclismo ambiental de dimensiones regionales naufraga con previo aviso. La desertificación que hoy afecta al río Paraguay es la misma que atenta contra el corredor de agua dulce más extenso del planeta: el Sistema de Humedales Paraguay-Paraná. Escarapela del pecho de la Cuenca del Plata, la segunda mayor de Sudamérica, y con 3400 kilómetros de ríos libres de represas, este macrosistema abraza una superficie sin fronteras. Desde el Pantanal brasileño hasta el Delta del Paraná se reflejan los síntomas cristalinos de la emergencia climática del siglo.

Según la FAO, la masa forestal de Paraguay ha disminuido drásticamente desde 1950. La ONG Sobrevivencia señala que la destrucción de la Selva Amazónica, ecosistema clave para la humedad de la Cuenca del Plata, se ha acelerado de manera considerable en las últimas décadas. La deforestación descontrolada es la forma más cruenta y negligente de arrancarle la piel al suelo. Sin ella, no hay sumidero de carbono que compense las lastimosas laceraciones de los gases de efecto invernadero. Y sin ella, no hay instrumento que retenga y recicle las exiguas lluvias.

Wetlands International, organización sin ánimos de lucro para la conservación de los humedales, anunció que el último registro pluvial de la Cuenca del Plata ha sido el más bajo de todo su historial y las proyecciones futuras apuntan a extensos lapsos de sequías en los meses que otrora eran de lluvias. Es una enfermedad crónica, de eventos extremos. Los períodos húmedos serán concentrados e intensos, lo cual se traduce en una amplitud marcada en los niveles de caudales. Una estacionalidad dinámica y violenta. Una bipolaridad hídrica impulsado por el hombre.

 

Río Paraguay. Fuente Pixabay.

 

Por eso el río Paraguay padece. Porque sus brazos meandros no pueden defenderse. Porque su voz no arrulla ni agita turbulencias como las protestas del humano. Porque se está desalmando sin el elemento colectivo de toda existencia.

De acuerdo con los escenarios de cambio climático pronosticados para el 2011-2040, las temperaturas en la Cuenca del Paraguay superarán los 2°C establecido por el Acuerdo de Paris. Las precipitaciones se reducirán en un 15%. El futuro es más hostil que el presente. La consecuente disminución de los flujos fluviales será de un 13% en el Pantanal, quien hoy afronta con pavura la tasa más alta de incendios desde 1998, con 10.000 focos de calor que han afectado a 1,55 millones de hectáreas. La esperanza de un funcionamiento hidrológico correcto es somera. La biodiversidad y los recursos acuáticos están siendo diezmados.

La culpabilidad del acosado es ineludible. Hemos irrumpido la armonía de un ecosistema fructífero, arrasando con bosques nativos que se esclavizaron para dar otros frutos, los de la agricultura y ganadería. Contribuyendo en un 17% al PIB de la nación, la agricultura es la base de la economía paraguaya y emplea al 24% de la población total activa. Las exportaciones prosperan a una tasa anual del 23%. Un negocio que madura con ambiciones y necesidades fértilmente enceguecedoras. El cambio desmedido del uso del suelo es el claro despojo del equilibrio y el impulso macabro del desajuste climático regional.

Por eso el río Paraguay perece. Un filántropo líquido que se entrega y abastece más allá de los límites de su cauce. Es de todos y es de nadie. Porque así es el agua, tesoro indiviso de la naturaleza. Una bendición que se comparte. Y una traición que muchos niegan.

Esta es la crónica de una sequía anunciada. Ahora que se la conté, siéntese a mi lado y lloremos como Penélope esperando en el muelle de Asunción.

Por Agustina Di Pauli, Sofía Antonena y Yanina Druetta 

Los humedales son esenciales para el bienestar ambiental, social y económico. Sus suelos tienen una gran capacidad de absorción de agua dulce, funcionando como “esponjas” para la retención del exceso de lluvias y a su vez, liberando agua en épocas de sequía, lo que los convierte en excelentes amortiguadores de eventos extremos, como inundaciones e incendios.

Garantizan la provisión de servicios ecosistémicos a la sociedad, como el suministro de agua; el filtrado y retención de nutrientes y contaminantes; la provisión de alimentos, madera, medicinas, ornamentales, fibras y combustibles; el almacenamiento de carbono y la estabilización climática; la regulación de plagas y enfermedades; son fuente y sustento de biodiversidad; entre muchos otros beneficios. Adicionalmente, estos ecosistemas albergan valores culturales irremplazables y tienen un gran potencial para la educación ambiental y el turismo racional y sostenible.

Laguna Santa Victoria del Este, Salta – Fuente: Alejandro José Briones

El 2020 ha sido el peor año para los humedales en Argentina. Según datos oficiales, un millón de hectáreas fueron arrasadas por los incendios en 21 provincias, y miles de ellas corresponden a superficies con humedales. Una cifra que enciende todas las alarmas, más todavía cuando mensuramos cuánto los necesitamos. En consecuencia, resurge con más fuerza que nunca el pedido de sanción de una Ley de Presupuestos Mínimos para su protección, iniciativa ciudadana con ocho años de recorrido en el Congreso Nacional y 15 Proyectos de Ley presentados.

A raíz de ello, este año se conformó la Red Nacional de Humedales, a fin de visibilizar la necesidad imperante de sanción de esta Ley. 315 organizaciones de la sociedad civil dieron su apoyo explícito al Proyecto de Ley, sumadas a 190 profesionales de distintos institutos y universidades de todo el país y más de 500 mil personas que son las que, hasta el momento de publicar este artículo,  firmaron las peticiones online que reclaman una “Ley de Humedales Ya”.

En paralelo, ambientalistas de todo el país convocaron a la “Semana por los Humedales”, desde el 14 al 21 de noviembre, en vísperas de la firma del dictamen de la Comisión de Recursos Naturales y Conservación del Ambiente Humano de la Cámara de Diputados de la Nación. El 20 de noviembre, se aprobó en esta Comisión un texto unificado de Ley de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental para el Uso Racional y Sostenible de los Humedales, con consenso social y científico. Este paso constituye un gran avance en materia de conservación de los recursos naturales. Sin embargo, el Proyecto deberá seguir el curso legislativo en las Comisiones restantes: Agricultura y Ganadería; Intereses Marítimos, Fluviales, Pesqueros y Portuarios; y Presupuesto y Hacienda.

Pecarí tajacú – Fuente: Gerardo Cerón

Posteriormente, el 30 de noviembre, el Gobierno Nacional decidió la extensión de las sesiones ordinarias del Congreso hasta el 11 de diciembre y convocó a sesiones extraordinarias para tratar un listado de 25 proyectos de ley, entre los cuales no se encuentra la Ley de Humedales. Todo parece indicar que, una vez más, los humedales deberán esperar.

La ausencia de una Ley permite el avance descontrolado y sin planificación de diferentes sectores productivos vinculados principalmente a la agroindustria, minería y mercado inmobiliario. Como consecuencia se generan, a diferentes escalas, degradación y pérdida de los ecosistemas involucrados.

El 2 de febrero de 2021 se celebrará el próximo Día Mundial de los Humedales, en conmemoración de la firma del Convenio sobre los Humedales en Ramsar (Irán) en 1971. Será una gran oportunidad para que Argentina reafirme su compromiso con los diferentes tratados internacionales a los que adhirió, vinculados directa o indirectamente con la protección de humedales: Convención RAMSAR, Convenio sobre la Diversidad Biológica y Acuerdo de París. Pero, sobre todo, será una oportunidad para tomar decisiones acordes a los nuevos desafíos globales, donde prime la salud de las personas en estrecho vínculo con ecosistemas saludables, manejados con el profesionalismo necesario para estar a la altura de la crisis socio-ambiental actual y futura.

El próximo año, el Congreso de la Nación tiene la chance histórica de reconocer el extraordinario trabajo y apoyo colectivo recibido por el texto unificado, además de garantizar apertura en la participación de las organizaciones socio-ambientales, que cuentan con la virtud de construir agendas de política ambiental apartidarias, para llevar a cabo leyes centrales para la transición ecológica.

Flamencos (Phoenicopterus chilensis). Mar Chiquita, Córdoba.

Las comunidades que habitan los humedales han encontrado respuestas profundas y con fundamento científico sobre la relación sociedad-humedales, de la que no hay vuelta atrás. La necesidad de una Ley ya fue decidida, votada y aprobada por la inmensa mayoría de ellas. Humedales es por lo tanto mucho más que una Ley.

En un 2020 marcado por la pandemia y una sequía histórica que provocó devastadores incendios en todo el mundo; la idea de gestionar los riesgos asociados al agua empezó a cobrar mayor importancia y comenzó a cotizar en el mercado de futuros de materias primas de Wall Street. El elemento vital para la vida ya tiene precio, evidenciando la necesidad de sancionar leyes para su protección. Los escenarios futuros son desalentadores, casi dos tercios del mundo podría enfrentar escasez de agua en solo cuatro años. La protección de los ecosistemas de agua dulce es urgente. Por las presentes y futuras generaciones, necesitamos una LEY DE HUMEDALES YA!

Por Natura International

A través de un Convenio Marco de Cooperación entre la Secretaría de Ambiente de la Provincia de La Rioja y Natura International se coordinó el Censo Simultáneo Internacional de Flamencos en la Reserva Provincial Laguna Brava que se llevó a cabo en febrero del 2020.

En ese marco, se realizó un acto inaugural en el que participaron autoridades provinciales del Gobierno de la Provincia de La Rioja e intendentes de los departamentos aledaños a la reserva para hablar sobre la importancia del monitoreo de una especie bandera como es el flamenco y la necesidad de trabajar en conjunto entre los municipios y la provincia para avanzar en materia de turismo de naturaleza y la regulación de las áreas protegidas provinciales ya existentes.

Laguna brava – La Rioja – Argentina

Además, se realizó una capacitación para alumnos de la tecnicaturas de Gestión Ambiental de la Universidad de La Rioja, técnicos de la Secretaría de Ambiente y técnicos de la Intendencia del Parque Nacional Talampaya con el objetivo de contarles cuál era el trabajo que se iba a llevar a cabo para evaluar el estado del humedal y las poblaciones de flamencos que viven en él. Consideramos que era una iniciativa positiva para que el próximo año se sumen al censo y formen parte activa del monitoreo.

El censo fue realizado por expertos del Grupo de Conservación Flamencos Altoandinos (GCFA) y arrojó los siguientes resultados: 1.400 flamencos andinos (Phoenicoparrus andinus), 940 flamencos puneño o de james (Phoenicoparrus jamesi) y aproximadamente 290 flamencos australes (Phoenicopterus chilensis).

Este censo se realizó en un rango de diez días, en cuatro países en simultáneo: Perú, Argentina Bolivia y Chile. Los resultados permitieron tener mayor conocimiento del estado de la población de flamencos y los humedales en los que viven, así como también poder identificar las amenazas que atentan a su conservación.

 

Flamencos, Laguna Brava. Sitio RAMSAR – La Rioja, Argentina.

Laguna Brava, un oasis para los flamencos.

La Laguna Brava se destaca no solo por su extensión y una altitud por encima de los 3500 msnm, sino por ser una zona de preservación de especies y biodiversidad. Estos ambientes son un verdadero oasis y un refugio para las aves migratorias que llegan cada primavera para alimentarse y anidar, como los flamencos andinos y los flamencos puneños.

Por otro lado, se trata de una zona muy visitada por turistas, cuyo principal atractivo es el   disfrute de la naturaleza y el avistaje de flamencos en su hábitat natural. Se trata de un recurso muy importante para la actividad turística y por la misma razón requiere una alta responsabilidad para asegurar su conservación.

En febrero del 2003 se designó Sitio Ramsar a la Reserva Provincial Laguna Brava, siendo el número 12 en Argentina. En agosto de 2012, la Secretaría de Ambiente de la Provincia de La Rioja emitió una disposición mediante la cual declaraba al área como Reserva de Usos Múltiples Laguna Brava, siendo una de las Áreas Protegidas más importantes de la provincia. Ambas figuras son herramientas de gestión que permiten trabajar en estrategias de conservación y protección de este maravilloso humedal y toda la biodiversidad que habita en él.

Federico Kopta, Biólogo
Foro Ambiental Córdoba – Asociación Civil

Además de destruir la vegetación y la fauna, y contaminar el aire, los incendios de montes y pastizales aceleran la erosión del suelo, propician las inundaciones, disminuyen la infiltración que alimenta las vertientes, y promueven la colmatación y eutrofización de los lagos

Esta es la época de riesgo de incendios en Córdoba y centro de Argentina, incluyendo el Delta, debido a que a fines de invierno y comienzos de primavera confluyen la ausencia de lluvias, baja humedad ambiente, fuertes vientos y temperaturas ocasionalmente elevadas. A esto se suma la vegetación seca por las heladas como elemento muy combustible.

A las condiciones naturales se suma la mano del hombre, que inicia los incendios de manera accidental o de forma intencional, como cuando se producen para cambiar el uso del suelo a fin de implantar cultivos o emprendimientos inmobiliarios, para obtener rebrote para el ganado, para eliminar vegetación herbácea al costado de banquinas o baldíos, para quemar basura, o para simplemente hacer daño, entre muchos motivos.

Incendios en Rosario – Argentina. Cortesia Ignacio Moreno

Los incendios forestales son particularmente perniciosos en la zona serrana donde nacen los ríos pues, al afectar drásticamente la cobertura vegetal, dejan sin protección al suelo de los agentes erosivos, en especial el agua de lluvia.

La vegetación cumple tres funciones en la regulación del agua y el suelo en la zona serrana o de cabecera de cuenca, ya que actúa como:

  • Un paraguas con sus hojas, impidiendo que las gotas de agua de lluvia impacten con energía sobre el suelo, disgregándolo.
  • Una esponja conformada por el follaje y la hojarasca, reteniendo el agua y permitiendo que se infiltre al suelo y las capas de agua subterránea.
  • Una red hecha de raíces y hojarasca, sosteniendo mecánicamente al suelo del arrastre del agua.

La pérdida de la cubierta vegetal por acción del fuego tiene como consecuencias:

  • Erosión hídrica del suelo.
  • Pérdida de materia orgánica del suelo, que si bien recibe el aporte de cenizas, las pierde rápidamente por erosión.
  • Inundaciones, porque el agua escurre violentamente por la superficie sin ser retenida por la vegetación.
  • Contaminación de los cursos de agua con lodo y cenizas.
  • Colmatación (o relleno con sedimentos) de los lagos, con el suelo arrastrado desde las sierras.
  • Eutrofización de los lagos, ya que las algas disponen de más nutrientes para multiplicarse y a su vez, contaminar el agua.
  • Sequía de las vertientes en invierno y primavera, por falta de infiltración del agua hacia el suelo y capas subterráneas durante la época de lluvias.
  • Destrucción del hábitat de la fauna.

Incendios – Sierras de Córdoba – Argentina

Resulta entonces imprescindible prevenir los incendios de montes y pastizales, y atento a que el 99% son producidos por el ser humano.

Una de las estrategias fundamentales es apoyar la educación sobre el tema desde los centros educativos, para disminuir el número de focos producidos. Pero por otra parte, es necesario un sistema de alerta temprana constituido por vigías, que ante una columna de humo avisen a un equipo de combate inicial o primer ataque, a fin de que extingan el fuego antes de que se propague y ocasione un incendio de magnitud. Otro factor fundamental es la investigación penal, a fin de que quienes ocasionan los incendios sean llevados a la Justicia, y eso disuada provocarlos.

Por Natura International

Según un estudio de Naciones Unidas alrededor de un millón de especies de animales y plantas están actualmente en peligro de extinción y muchas podrían desaparecer en tan solo décadas. Se trata de un nivel de amenaza sin precedentes en la historia de la humanidad.

La tasa global de especies extintas ya es, al menos,  entre diez a cien veces mayor que la tasa promedio en los últimos diez millones de años y se está acelerando. Un 75% de los ecosistemas terrestres y un 66% de los marinos ya están “gravemente alterados”. Más de un 85% de los humedales que existían en 1700 se han perdido.

¿Cuáles son las amenazas?

Las amenazas que atentan contra la supervivencia de cientos de especies van desde la pérdida y/o degradación del hábitat debido a actividades asociadas con las industrias extractivas de recursos renovables (como la ganadería y la agricultura) atropellamientos, captura, caza ilegal y persecución, hasta el mascotismo y expansión de las ciudades. Cada una de estas amenazas son provocadas por la mano del hombre.

Águila Coronada – Especie en extinción – Natura Argentina

Durante el mes pasado, desde Natura International, quisimos poner el foco en al menos seis de las especies En Peligro que encontramos en Argentina. Muchas de las cuales no se las reconocen como especies autóctonas y en riesgo fuera de la comunidad académica.

Así, hablamos sobre el  Aguará Guazú que es el más grande de los zorros sudamericanos y del Guanaco, cuyo rol ecológico es importante en ecosistemas áridos y la subpoblación chaqueña se encuentra significativamente reducida. El Gato Andino, un felino poco conocido y considerado una de las especies más amenazadas del continente americano. Muchos conocieron al Pecarí Quimilero que tiene una particular habilidad para quitar las espinas de los cactus que lo alimentan.

Nos maravillamos con imágenes de aves como el Águila Coronada que es beneficiosa para el medio en el que vive, ya que se alimenta de animales como serpientes venenosas o roedores de importancia médica. O el Cóndor Andino,  el ave terrestre voladora más grande del planeta que muere por ingerir accidentalmente los cebos envenenados que muchos productores usan para combatir a zorros y pumas.

Guanaco – Especie en extinción – Natura Argentina

Cuando descubrimos lo maravillosos que son estos animales, somos interpelados desde lo más profundo a pensar por lo menos dos cosas:  nos damos cuenta de la importancia de su existencia y nos sentimos responsables de su supervivencia.

Si querés descubrir y acercarte un poco más a estas especies, visitá nuestra cuenta de Instagram y Facebook  y compartí la información con otros, porque entendemos que el primer paso para PROTEGER es CONOCER. ¿Nos ayudás?

Por Ana Di Pangracio 
Directora Adjunta de Fundación Ambiente y Recursos Naturales – FARN

Los humedales son ecosistemas con enorme valor biológico, social, cultural y económico. Pero los humedales se pierden y degradan cada día. La Convención Ramsar estima que en los últimos 300 años ha desaparecido el 87% de la superficie de humedales a nivel global.

Estos ecosistemas son percibidos, por algunos sectores de la sociedad, como tierras de descarte, terrenos que son necesario rellenar, trayendo aparejado negativos impactos socioambientales. Entre los principales impulsores de la pérdida de humedales se encuentran la agricultura y ganadería industrial, la minería y otras industrias extractivas, la urbanización, las especies exóticas invasoras, el cambio climático, y la contaminación con residuos domésticos e industriales.

Argentina tiene una gran diversidad de humedales, cerca del 21% de su superficie incluye ecosistemas de humedal. El país no es ajeno a las presiones identificadas a nivel mundial que están causando la desaparición y degradación de los humedales.

Carpinchos, Parque Nacional Esteros del Iberá. Provincia de Corrientes, Argentina.

Por eso, Argentina necesita una ley de protección ambiental para los humedales, que sea fruto de una amplia y efectiva participación, integrando la visión desde los territorios, de las personas que habitan, trabajan y conocen los humedales. La importancia de los humedales y la necesidad de protegerlos debe estar en la agenda política de los gobiernos.

La crisis de incendios en el Delta del Paraná ha renovado la discusión de una Ley de Humedales en el Congreso Nacional. A la fecha hay once proyectos para consideración de las y los legisladores en ambas Cámaras. Tras sesiones informativas, iniciarán las reuniones de las comisiones parlamentarias alcanzadas por esta iniciativa para la discusión formal, consensuar en lo posible un único texto y emitir dictamen a fin que pueda ser tratado en recinto. Una vez aprobado por una de las Cámaras, el proyecto pasa a ser evaluado por la otra que puede aprobarlo sin cambios o bien introducir modificaciones en cuyo caso volverá a la Cámara de origen. Ésta podrá aprobarlo aceptando los cambios o bien insistir con la redacción originaria para lo cual necesitará de la misma mayoría o superior que la Cámara revisora. De no lograrlo, queda aprobado el texto aprobado en la Cámara revisora.

En Argentina, las provincias son dueñas de los recursos naturales existentes en sus territorios conforme el artículo 124 de la Constitución Nacional (CN). Pero, a fin de evitar la disgregación de políticas, en pos del bien común, y para lograr una protección uniforme del ambiente a lo largo de todo el país, las provincias delegaron a la Nación, en el artículo 41 de la CN, la facultad de sancionar leyes de presupuestos mínimos ambientales. Se trata de normas que tienen por objeto imponer las condiciones necesarias para asegurar la protección ambiental, estableciendo un piso mínimo de protección que las provincias podrán complementar, incluso previendo requisitorias más exigentes, pero nunca estar por debajo de la base mínima nacional establecida.

Una Ley de Humedales necesita regirse desde una visión ecocéntrica, y bajo principios tales como el ecosistémico, preventivo, precautorio, de no regresión, equidad intergeneracional, in dubio pro natura, in dubio pro aqua, transparencia y participación, perspectiva de derechos (incluyendo interculturalidad y enfoque de género), y protección de los bienes comunes.

Parque Nacional Esteros del Iberá. Provincia de Corrientes, Argentina. Paseo en Kayak.

Una definición precisa de humedales, una autoridad de aplicación nacional con facultades proactivas e integrales, partidas presupuestarias a la altura de los desafíos, el desarrollo de un inventario y ordenamiento territorial de los humedales, y herramientas de evaluación de impactos como la evaluación ambiental estratégica, evaluación de impacto ambiental y evaluación de impactos acumulativos son algunos de los elementos vertebrales de una ley nacional.

Algunos ejes de trabajo estratégicos en la Ley de Humedales son: la conservación, el uso ambientalmente respetuoso y la restauración de humedales; la claridad jurídica en el acceso y tenencia de la tierra y a los bienes naturales; el apoyo a la investigación científica, conocimientos tradicionales y ciencia ciudadana; un trabajo colaborativo con otros planes, programas y proyectos de gobierno; el monitoreo y evaluación de los objetivos y metas establecidos; la concientización y educación ambiental, y la generación de capacidades y fortalecimiento institucional.

La pandemia de la COVID19, que tanto sufrimiento humano está causando, nos deja en claro que cuanto más alteramos los ecosistemas, más peligro corremos. Y ningún sector de la sociedad está exceptuado de ello. Debemos construir una nueva relación con la naturaleza. Desterrar visiones limitadas de “una buena calidad de vida” solo centradas en el consumo y la acumulación sin límites, y dar lugar a nuevas que aseguren justicia social y ambiental.

La sanción de una Ley de Humedales sería un paso en la dirección correcta. Confiamos que el Congreso Nacional estará a la altura.